
ERTZ #12
Quizás resulte tópico decirlo, porque es un comentario que todo organizador ha repetido en alguna ocasión, pero nosotros también, cada vez que organizamos un nuevo ERTZ, en algún momento, pero sin excepciones, decimos que esta será el último Que no habrá más ediciones. Que aquí se acaba todo. Hay que reconocer que generalmente, este tipo de comentarios surgen antes de que empiece el festival, como una especie de auto-engaño, porque sabemos que en cuanto arranca el festival, en cuanto la música comienza a bailar en el aire de aquí para allá, en cuanto se nos erizan los pelillos de las orejas, cualquier idea de este tipo es rechazada automáticamente. Cuando empezamos a soñar ya no hay vuelta atrás.
Y así llevamos 12 años. Medio ebrios entre las dudas, las satisfacciones y las pasiones. Alimentando nuestras contradicciones, indagando en nuestras heridas y nuestras debilidades, regalando ruido a nuestras sorderas y silencios a nuestro hambre de ruido. A gusto. Y con las licencias que nos ofrece (no siempre) el tiempo, nos damos cuenta de que es esa la razón principal por la que todos los años, con la llegada del verano, se nos tatúan en la frente esas cuatro letras que conforman la palabra ERTZ.
Porque, y a riesgo de sonar cínicos, debemos reconocer que hace tiempo que comenzamos a sospechar de la música y del arte… pero al mismo tiempo sabemos que nunca nos aburriremos de abrir las puertas a aquellos que deciden compartir sus pasiones con nosotros. Como lo hace a diario mucha gente, como debería de hacer todo el mundo.
A fin de cuentas, a pesar de esa dichosa etiqueta que arrastramos, la de experimental, que se nos reconoce y hasta nosotros mismos acabamos reconociendo, tenemos que repetir que no somos experimentales.
Este año, por ejemplo, hemos organizado una opereta (un formato sin lugar a dudas clásico), donde participarán la Banda municipal de Música de Bera, la Coral y mucha más gente; como en otros muchos teatros, hemos programado conciertos de música del siglo pasado en un auditorio al uso; hemos propuesto paseos por las calles del pueblo, tal y como hacen a diario muchos vecinos; utilizaremos un almacén de fontanería para albergar una performance, tal y como hace el fontanero todos los días; escucharemos poesía; y hablaremos sobre la audición, como hacen tantos pacientes diariamente en la consulta del médico.
Pues eso, que no somos experimentales. Pero queremos vivir esas cosas cotidianas con pasión, improvisadamente, inesperadamente. Queremos ser ignorantes, para seguir aprendiendo. Para no aburrirnos nunca. Quizas pensando que sólo entonces podremos empezar a experimentar de verdad.
Bienvenidas a este festival que permite olvidar algunos sonidos haciendo ruido. Bienvenidos al Ertz de las otras músicas.
























