
HIRUGARREN BELARRIA
Articulados en formas que parecen eludir el lenguaje, ciertos fenómenos sonoros tienen la rara virtud de sacarnos fuera de nosotros. Así, no es extraño que muchas manifestaciones sonoras se vinculen a las esferas de lo simbólico, de lo sagrado y de lo político.
El compositor y pedagogo musical Murray Schafer acuñó el termino “Ruido Sagrado” para referirse a aquellos sonidos que, originalmente asociados a los fenómenos naturales, históricamente se emplearon en las celebraciones rituales con el objeto de romper con la normalidad y traspasar las reglas establecidas con total impunidad. Ruidos que una vez inmunizados de la intervención humana, era posible considerar como manifestaciones del Poder. Los dioses con sus truenos y sus rayos, y los sacerdotes con sus campanas o tambores serían la prueba de este fenómeno. Mas tarde, Schafer extiende esta línea argumentativa a la tecnología contemporánea, puesto que el Ruido Sagrado, argumenta, habría sido transferido poco a poco a las máquinas modernas y a la civilización secular.
La supervivencia de lo sagrado en el mundo contemporáneo tiene que ver también con esa otra maquinaria que es el consenso social. El aislamiento acústico ha jugado un papel esencial en la configuración de los conceptos de interioridad y de sujeto individual (desde la lectura de un libro para uno mismo al Ipod), pero estos muestran hoy su permeabilidad hacia el ruido de las multitudes en todo su esplendor. Nos referimos a eso que Agustín García Calvo denomina Medios de Formación de Masas, Guy Debord la Sociedad del Espectáculo o, más recientemente, Giorgio Agamben, releyendo a Carl Schmitt, refiriéndose a la opinión pública, define como “la forma moderna de la aclamación”. Por lo tanto aquí, el ruido, el griterío de una multitud y el flujo de los procedimientos comunicativos son parte de una misma sintonía de himnos, cantatas, ovaciones, abucheos, mantras, risas enlatadas, grandes éxitos tarareados…
Este seminario, planteado como estudio continuado en varias sesiones públicas que tendrán lugar durante el 2011-2012, parte de la singularidad afectiva que es capaz de producir el sonido. Irá tomando forma a partir de debates, audiciones, publicaciones, conciertos y exposiciones y su objetivo es analizar la función política, democrática y demagógica, ritual y de cohesión social del sonido o, si se quiere, su sentido “sagrado”.










